La seducción de Venus no es solo un poemario: es un ritual, un conjuro, una ceremonia de piel y palabra. Aquí se celebra el deseo como quien alza una copa en lo alto del Olimpo. Cada poema es una caricia escrita con tinta caliente, una invitación a explorar la sensualidad sin máscaras ni censura.
Y conviene detenerse aquí. Porque cuando una mujer escribe sobre erotismo —y más si lo hace en primera persona— aparece, como un resorte, el tribunal de la opinión pública:
«¿Pero esto no será demasiado?»
«¿Y sus hijos, qué pensarán?»
«¿Y esto lo va a leer en voz alta?»
Como si el deseo solo pudiera narrarse desde la fantasía masculina. Como si lo femenino tuviera que susurrar, eufemizarse, recatarse. Pues bien: La seducción de Venus viene a dinamitar eso. No con el grito fácil ni con provocación vacía, sino desde la belleza, la sutileza y una valentía profundamente inteligente.
Este libro reivindica una feminidad en estado salvaje. No la que se adorna para gustar, sino la que se alza para sentir. Sus versos arden, pero también acarician. Excitan, pero también conmueven. Podría resumir su esencia con una imagen que aún no existe, pero que todas podemos visualizar: la de dos autoras escribiendo con tinta invisible sobre nuestra piel.
Marisol Santiago es una poeta de las que te hablan al oído y, al mismo tiempo, te remueven el alma. Su poesía no es tendencia: es urgencia. Mira con limpieza, pero sin ingenuidad. Es firme sin dejar de ser hermosa.
Laura Redondo traduce cuerpos en luz. Sus letras captan lo invisible: el pulso de una mujer que respira sin pedir permiso, el temblor que anticipa el deseo, la calma después del placer. Cada verso cuenta lo que no siempre nos atrevemos a mirar.
Lo maravilloso de este libro es que sus autoras no suman talentos: los funden. Lo literario y lo visual no se acompañan, se rozan, se buscan, se elevan. Esta colaboración no es una ocurrencia: es una sinergia.
Cuando me ofrecieron escribir el prólogo, supe que no iba a ser un encargo más. Y no me equivoqué. Este poemario no se lee: se vive. Y al vivirlo me encontré tocada por emociones que creía dormidas o que nunca me había permitido sentir así.
Reflexioné sobre el placer, sobre la libertad de narrar el deseo femenino con autenticidad. Y, claro, sobre los prejuicios que aún pesan cuando lo hacemos.
Porque sí, aún en 2025, una mujer que escribe sobre sexo es “atrevida”; un hombre que lo hace, “valiente”. Curioso, ¿no?
Mi prólogo no es un análisis literario. Es una celebración. Lo escribí con el cuerpo tanto como con la cabeza. Porque este libro no pide interpretación: pide entrega.
Un fragmento de mi prólogo que creo que resume bien esta experiencia:
> «Lo que estas mentes limitadas no comprenden es que el placer es directamente proporcional a nuestra sensibilidad, porque solo los seres sensibles somos capaces de percibir lo que otros jamás podrán ni tan siquiera intuir. Laura y Marisol nos proponen un excitante viaje desde la sexualidad más explícita a la más espiritual… Dejaos atrapar por su talento y os aseguro que, cuando lleguéis al final de esta maravillosa aventura, tan sensorial como extrasensorial, soñaréis que os reflejáis en los ojos felinos de la mujer esmeralda y desearéis caminar sobre las nubes siguiendo el paso firme de la heredera de Cleopatra».
Publicar un libro no es fácil. Publicar un libro valiente, menos aún. Publicar un libro valiente sobre deseo femenino es casi un acto de heroísmo. El mundo editorial sigue teniendo pasillos oscuros y puertas blindadas.
Pero cuando una cree en lo que hace, y tiene el talento para sostenerlo —y aquí hay talento para empapelar la sede de la RAE—, no hay que rendirse. Porque las puertas no se abren solas. Jamás. Hay que llamar, insistir, creer en una misma con la tozudez de una cabra montesa. Y este libro ha entrado. Y ha venido para quedarse.
Os invito, pues, a abrir La seducción de Venus como se abre una puerta hacia lo íntimo. A leer sin pudor, sin prejuicio, con los cinco sentidos encendidos. A saborear cada poema como se saborea un cuerpo amado. A dejaros provocar, emocionar, sacudir.
Porque, insisto, este no es solo un libro: es una experiencia.
«La piel es el primer verso que aprendimos de memoria».
Emecé Condado
Marisol Santiago, Emecé Condado, Laura Redondo y Francisco Márquez, editor de Ondina Ediciones, en la presentación del libro en el Ateneo de Madrid.
Francisco Márquez, Emecé Condado, Laura Redondo y Marisol Santiago al finalizar el evento.
Fotografía de la presentación de La seducción de Venus el pasado 19 de mayo, en el Ateneo de Madrid.




No hay comentarios:
Publicar un comentario